

La pesca de caballas, melvas y atunes en las costas andaluzas se remonta a la época de fenicios y tartessos. En la Atenas del siglo V a.C., el co mediógrafo Eúpolis hablaba de las prestigiosas salazones de atún y “escombros” (caballas) procedentes de Gades (Cádiz).
Junto a la pesca, la industria transformadora se desarrolló en la época romana. Se crearon múltiples factorías de salazón a lo largo de todo el litoral andaluz, en torno a las cuales se fun daron ciudades como las conocidas ruinas de Baelo Claudia en Bolonia (Tarifa). De la caballa también se obtenía en estas factorías el “garum”, que era la salsa más popular en la dieta romana. Más tarde, los árabes, tras observar los hábitos migratorios de estos peces, idearon un revolucionario método de pesca, basado en una gigantesca trampa de redes y cables. Es lo que se conoce desde entonces como ALMADRABA.
A partir del s. XVIII se inicia un proceso de progresiva evolución y producción a gran esca la, que culminará con la creación de modernas fábricas de conservas, motor de la economía de la zona.
En la actualidad, la industria conservera andaluza sigue manteniendo las características de alta calidad que la diferencian.
Conservera de Tarifa mantiene así su espíritu de empresa de tradición familiar, que generación tras generación, ha conservado desde hace más de un siglo, el carácter artesanal en la elaboración del producto

